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Cumplir con todo, correr todo el día, no parar, andar apurando procesos, no poder decepcionar a otros, querer siempre que todo funcione como reloj suizo, ser perfecta. Si perfecta, para cumplir con mi deseo, que me reconozcan perfecta, portarme bien, recibir aplausos, todo para que luego de los halagos y aplausos que duran 10 minutos, sentir que me quieren. Sigo corriendo busco hacer cosas que no son tan importantes, pero que me sacan del contacto sin aplausos que entrega el intercambio cotidiano con los hijos, escapo, estoy sola … y de repente ¡ZAS!

La vida TE MANDA UN ¡ZAS! que te deja caer en un instante y te das cuenta que estás cansada, llorona, irritable, agresiva con todos, tirando mierda en los semáforos y a quien se cruce por delante de tu- yo- auto. 

¡Aaaaah! aprietas los dientes, sientes tenso los hombres, sueñas con un masaje… pero no, mejor, las uñas ir a que te pinten las uñas, pero rápido, estamos apuradas… los niños están siendo cuidado por otra, no importa… es lo mínimo que puedo hacer por mi… ¿unos zapatos nuevos? pero ya son las 6… compro, angustia, corro… 

Silencio y las imágenes llegan a la cabeza, te ves preguntando mil veces a las amigas y ellas “aconsejan” desde sus propios mundos, y las escuchas y les discutes, porque en realidad, ni si quiera importa lo que el otro dice, no quiero escuchar, estoy apurada, necesito que todo se arregle rápido, rápido, porque todo debe funcionar. No me quiero frustrar, ni a mi ni a mis hijos. Rápido y perfecto.
Sigo corriendo.

Sospecho que algo no anda bien, pero sigo.

Y ZAS! otra cachetada.

Y decido, parar.

Mirarme y constatar, que estoy cansada, agitada, estresada, no puedo más… la verdad, no existen los relojes suizos en los cuerpo humanos, por más que intento, no funciona así la vida humana, menos, con niños y niñas corriendo por la casa, cada uno con sus respectivos mocos. Nos enfermamos, nos sentimos solos, no encontramos respuesta… no hay nadie… y al parecer tampoco queremos escuchar a nadie… no queremos en realidad escuchar a nadie… acostumbradas a estar a solas, no queremos tomarnos tiempo para hacer las cosas que queremos y tenemos que hacer pidiendo ayuda a otros, mejor, sola, porque así me gusta, sola, a mi pinta, así ha sido siempre. Pero igual me quejo de la soledad en la que estoy. Atrapada, muy atrapada entre mi deseo de ser sostenida y no saber pedirlo. Es que me doy cuenta que mucha experiencias de sostén no hay, desde niña que me las arreglo sola, sólo las enfermedades que viví de niña, atraían a mis padres, pero ya no puedo enfermar, no hay tiempo y hay hijos.

Solas.

Alguien se acerca. Y, mordemos. Agredimos, nos sentimos amenazadas “No se vaya a notar que detrás del velo de la perfección, cojeo, cojeo, cojeo mucho… y así mi casa, mis hijos, todos, cojeamos…

¡ZAS! otra cachetada… la de las peores… soy yo la que dibujo mi propia cárcel, pido ávida y no como nada.
A veces, la niña que fui, me pasa por encima de la mujer que soy.
Leslie Power

 

Les ha pasado?
A mi, muchas veces…

 

 

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