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¿Cómo les va a ustedes un fin de semana sola a cargo de los niños? Y si a ese fin de semana le agregamos dos días, sin ayuda ni hermanas, vecinas porque se van a la playa. ¿Cómo les va?
A mi por lo general me cuesta y mucho.

Lo que más me cuesta es el desorden de la mañana, sobre todo el del domingo, juguetes por todas partes, platos amontonados, ropa en el piso y vamos una y otra vez levantando las cosas del suelo y acarreando en los abrazos y las manos platos, papeles, toallas, mojadas, todo al mismo tiempo, como para ponerle una pizca más de estrés al asunto y aprovechar el viaje a la cocina, mientras los pollos pían “¡mamá, mamá… mamá gallina pulpo malabarista …
A mi esta escena, me cuesta.

Si a esto le agrego, una historia infantil de gritos y golpes frente al mismo desorden, apretar los dientes y …. es lo que lamentablemente algunas veces me sale hacer hacer…

¿Qué hacen ustedes?

Yo he decido, pedir ayuda e intentar no quedarme sola, “operarme de los nervios” y “hippiarme”, entregarme al caos y comprender que mis hijos nada tienen que ver con lo que me ha ocurrido, ni nada tienen que ver, aún, con la adustez que ya pronto pisarán, son niños y juegan, su cerebro inmaduro es desordenado por tanto desordenan y mis hijos adolescentes, una vez que lograron ordenarse, ahora, toooodo de nuevo, a cambiar para reestructurarse y convertirse en definitivos adolescentes, por tanto, también desordenan, porque están creciendo y su mundo interno cambia. Y aunque lo entiendo…
Me cuesta.

Me cuesta, porque más de alguna vez se me han salido gritos y cuando me miro hacia dentro sé que son mis propios gritos esperando que alguien me rescate del desorden interno, de los recuerdos apestosos que me recuerdan el caos del domingo en la mañana de muchos momentos pasados. Sencillamente me recuerdan el caos interno, porque el de afuera, el que producen mis niños, nosotros es bastante normal, pero bueno, veo con mis ojos desde adentro hacia fuera y no al revés.
Me cuesta.

¿A ustedes les cuesta?
Justo hoy, una paciente me contaba que le gritó muy fuerte a su hija adolescente y que mientras lo hacía, su pareja, el padre de la niña la había tomado por la espalda y le decía… “tranquila, no le grites más, no es lo mismo que ocurría en tu casa…tranquila” y ella logró tranquilizarse… Hoy hablará con su hija adolescente la tremenda sombra que que le cae encima, pero que su madre, valiente y amorosa, intenta dejarla en su propio territorio sin que le caiga tan encima que enfríe la relación con su hija. A veces, hay que aprovechar todo lo amoroso que son capaces de ofrecer las personas que tenemos al lado.
Pero igual cuesta.

También me ha salido bueno hablar con mis hijos, explicarles sobre mi estrés y mis pataletas y que así como ellos necesitan de mi para resolver sus procesos, yo necesito de otro que me ayude a resolver los míos. Les pido disculpas y ellos amorosos, disculpan tan generosamente. Por suerte, no es la mayor parte del tiempo, por lo general, el clima emocional en la casa es bastante bueno, pero hay días en que me es más difícil que otros días.
Hay días que son cuesta arriba.

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Pero, creo que lo que más me ha ayudado, es saber que nadie me va a comprender ni contener mejor que yo a mi misma. Es decir, soy la única que realmente conoce mis gritos internos y que no puedo esperar que otros sepan como pueden contenerme de la mejor manera. De hecho pienso que la mayoría de nosotros viene de las mismas guerras, por tanto, tampoco saben hacerla… y si no pueden es porque no pueden.
Entonces, es mejor partir por la casita interna y una solita la ordena, a su propia pinta, se da tiempo para respirar, sentir el viento de estos meses y saber conscientemente que ya estamos tan grandes que tenemos nuestras propia casa y que la guerra ya pasó. Somos libres y tenemos el poder de nuestras vidas.

Leslie Power
Psicóloga Clínica.

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