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Hace un rato atrás junto a un psicólogo que investiga sobre masculinidades y paternidades escribí la columna “ El posnatal masculino que el país necesita”, y lo hice (al menos yo, el ya era padre) sin haber vivenciado la paternidad, sino que solamente basado en la evidencia. Hoy no sólo la volvería a publicar sino que saldría a gritarla por el Paseo Ahumada, porque viví en carne propia todos esos beneficios sobre los que alguna vez hablé en clases y otros seminarios.

Si escribo esto hoy es porque se nos apareció marzo anunciando el terminó de mi posnatal. Cómo dijo Hector Lavoe, el cantante de los cantantes, “Nada, nada dura para siempre”. Así fue, se acabó, pero fue maravilloso mientras duró, lo acunado y compartido no nos lo quita nadie.

La vida nos tenia preparado un regalo que no esperaba. Y no lo esperaba por que era muy poco probable que ocurriera, parece que había olvidado que eras amiga de lo improbable. Si hubieses nacido 2 semanas antes, por ejemplo, me hubiese encontrado en pleno periodo de exámenes, viendo los casos especiales, cerrando actas, etc. Pero no, esperaste a que estuviera “libre”, naciste justo en un periodo que me permitió borrarme del mapa laboral por 2 meses, entre los 5 días de posnatal que da el estado, todos mis administrativos del año, una licencia por una semana, y el receso universitario. La hicimos hija, como en Suecia, 2 meses de posnatal!! (ver posnatales masculinos país por país)

Te confieso que tuve un posnatal que no imaginé, y a excepción de 3 días y medio que tuve que trabajar por compromisos previamente adquiridos, pude aprovechar estos 64 días a concho para estar contigo y con mamá. Y si que fueron importantes para todos en casa.

Hace harto rato muchos hombres vienen alzando la voz (me incluyo) por un posnatal de al menos 30 días, porque efectivamente 5 días no es más que un mal chiste. Claro, alguien podría decir “peor es nada”, es cierto, pero 5 días alcanzan para poco y, justamente, nada. De hecho, después de lo vivido, me cuesta imaginar los primeros 30 días en el trabajo, con mamá y yo adaptandonos a tu llegada y a tus horarios, con los problemas iniciales de lactancia que tuvimos, con las horas y horas que nos pides no sólo tenerte en brazos, sino que tenerte en brazos y deambulando, probablemente lo que más echaré de menos, junto a tus sonrisas matinales que cada día nos regalabas con más facilidad.

Fue un placer vivir a tiempo completo tus primeros dos kilos de crecimiento, ver como de a poco ibas fijando la mirada, ver tu primera sonrisa y todas las que siguieron a la primera, aprender las posiciones que mas te gustaban estando en vigilia o durmiendo. Fue un placer tenerte en brazos tanto tiempo, y sentir ese “crujido” que salía de tus cuerdas vocales cuado buscabas la posición más placentera para quedarte. Fue un regalo poder estar a tiempo completo contigo durante el periodo en el que aprendes a conocer tu entorno. Creo que me gradué como una de las más cómodas y confortables camas que hayas tenido.

Hoy yo vuelvo al trabajo, pero mamá, la titular en tu vida (no soy más que un buen suplente) sigue contigo por al menos 3 meses y medio más a tiempo completo, así que tranquilidad. Hoy vuelvo al trabajo contento y agradecido de lo vivido, deseando que más padres puedan vivir lo mismo que yo, y prometiendo dar la pelea para que así sea. Hoy vuelvo al trabajo seguro de que estaré contando las horas para volver a casa y seguir viendo tu vivir, eso a lo que en poco más de 60 días me volví adicto. Hoy vuelvo al trabajo porque el posnatal se acabó, pero al menos tengo el consuelo de que la hicimos, le ganamos a un sistema que sabe poco y nada de la importancia de las paternidades.

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