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Un estudio brasileño publicado en la revista The Lancet Global Health ha sido mencionado el día de hoy en la prensa de varios países. La investigación asocia la duración de la lactancia materna con la inteligencia y los ingresos en la vida adulta, a mayor duración más inteligencia y mejores ingresos. Mish!!!.

Pero más que ahondar en el estudio brasileño, que aparece como un argumento más en favor de la lactancia, en esta ocasión quiero hablar de mi (nuestra, con mi compañera) experiencia y de como estamos en Chile.

Quiero partir, eso si, señalando que no no hay malas madres, ni buenas madres, en función de si dieron pecho o no. Así como tampoco hay malas madres, ni buenas madres, en función de la vía por la que parieron a su hijo. Aclarado lo anterior, procedo.

Si me preguntan hoy, a casi 3 meses de haberme convertido en padre, que ha sido lo más intenso de la gestación, parto y posparto (obviando la hospitalización durante la gestación), respondo sin dudar que la lactancia.

48 horas luego del parto de mi hija llegaba el momento de vivir ese puerperio que no conocía, que no me habían enseñado en el pregrado, y que es sólo vivencial. Me refiero al inicio de la vida en casa, con una esposa puerpera y una hija 100% dependiente de nuestros cuidados, y de la leche de su mamá. Debutamos en nuestra vida de padres lactantes con grietas, seguimos con candidiasis y luego con Raynaud, ese escenario nos invitó a la extracción manual y con máquina, y a la posterior alimentación con sonda al dedo (las pezoneras no nos funcionaron). Leo las lineas anteriores y no suena a nada muy complejo quizás, el tema es vivirlo y que la lactancia sobreviva luego de eso. Fácil no es.

Durante los primeros días en casa, cuando estábamos en plena crisis de lactancia, pensaba y honraba a todas las mujeres que habían parido antes que mi compañera, y que habían dado pecho, enfrentando entre 4 paredes – porque la gran mayoría de las veces el problema es abordado en casa y de ahí no sale – todos sus problemas de lactancia. Pensé mucho en la mujer que cuando enfrenta un escenario como el nuestro no encuentra más solución que abandonar la lactancia, que no tiene opciones de pagar una asesora de lactancia, y que cuando expone estos problemas a algún profesional de la salud no encuentra más que un “bueno, entonces dale el relleno que te recetaré”. Me prometí no juzgar, pese a que nunca lo hice, a ninguna mujer por tomar la decisión de abandonar la lactancia, porque no creo que para ninguna mujer, primero, esa decisión sea fácil ni, segundo, sea un escenario deseado. Pero a la vez me comprometí a estudar más sobre el tema, a escribir sobre él y a darle más énfasis en las asignaturas que coordino, porque es uno de los tantos tabúes que aún tenemos como sociedad, pese a que columnas sobre lactancia abundan en espacios como estos.

Esa lactancia materna exclusiva que se nos arrebato al 4 día de vida de mi hija, recién pudimos recuperarla a los 2 meses (hace muy poco), luego de un largo, intenso y sinuoso camino. Esto lo escribo hoy, con la fortuna de que todo el sacrificio de mi compañera dio los frutos esperad. Sino lo hubiésemos logrado, hubiese valido la pena igualmente jugársela, cómo dice Carlos González en su libro y, como corrobora el estudio brasileño, es un regalo para toda la vida.

¿Pero cómo estamos en Chile con la lactancia?, la Encuesta Nacional de Lactancia, realizada en 2013 y que entrevistó a 9604 mujeres nos entrega algunas luces. La prevalencia de lactancia materna exclusiva (LME) al sexto mes fue de un 56%, mejor que encuestas anteriores, pero con una brecha importante por delante.

Esta encuesta nos señala con datos locales, algo que ya sabíamos con datos internacionales, la vía del parto importa. Las mujeres que parieron por vía vaginal tienen una prevalencia de 59%, versus las que tuvieron una cesárea que tiene un 52%. Las principales diferencias del parto vía vaginal versus la cesárea, en este aspecto es que un mayor numero de mujeres logra contacto piel con piel al menos por 30 minutos, y acople espontáneo, dos factores que en la encuesta se relacionan con mayor probabilidad de lograr LME al sexto mes.

La encuesta encontró diferencias significativas de lograr LME al sexto mes entre los bebes que pesaban menos de 3 kilos y los que pesaban más. Quizás un argumento más para evitar programar un parto (inducción ó cesárea) antes de tiempo, a menos que sea estrictamente necesario.

Cuando se les preguntó a las mujeres el motivo por el que abandonaron la lactancia, las principales respuesta fueron “por que el niño/a quedaba con hambre” y por “problemas en la mama”, los mismos por los cuales en algunos momentos estuvimos en casa a punto de dar por finalizada la pelea.

El informe técnico de la Encuesta 2013 concluye diciendo “La educación tanto en el pregrado (de médicos, matronas, nutricionistas y enfermeras) y la educación en el posgrado (de ginecólogos, pediatras, neonatólogos) es fundamental para ayudar a la madre en su técnica de lactancia, asimismo, promover y ayudar a los ONG – como la Liga de la Leche – en estas materias son tareas pendientes del sector”, y BIEN PENDIENTES recalcaría yo. Lo bueno es que el pasado y el presente (que en verdad es pasado, sino me creen vean “Nostalgia de la Luz”) tienen un futuro esperando, y es mirando al futuro que debemos trabajar. Las nuevas generaciones de mujeres madres dando pecho, se merecen unos profesionales de salud bien formados en el tema. La idea finalmente es ser parte de la solución, y no del problema.

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