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Las mamás, los papás, las hijas, los hijos y el ESTRÉS.

Este es un tema recurrente. Lo veo en la consulta, en mi familia, amigas y en mi misma. Muchos estamos estresados. Algunos porque tenemos mucho trabajo, porque adaptarnos a nuevas situaciones nos pone muy “nerviosos” y nuestro cerebro requiere trabajo y tiempo de adaptación. Algunos atravesamos por algún duelo. Los niños entraron al colegio, otras están con un recién nacido que lleva 6 meses durmiendo, bueno, como suelen dormir los bebés, más o menos desde nuestra mirada adulta, normal para su cerebro en desarrollo.

Pero cuando las mamás estamos estresadas a nuestros hijos no les viene bien y tampoco les hace bien cuando los papás están estresados. En el caso de las mujeres, en la rápida y exigente sociedad en la que vivimos hoy, las mamás solemos sentirnos agotadas, con baja energía, dolores de cabeza, sin deseos sexuales, solemos comer más por ansiedad o dejamos de comer por falta de tiempo, nos sentimos tristes, desesperanzadas, irritables, mal humoradas, fuera del circuito de la vida y más … y lo mismo puedo describir de los papás, algunos llegan mal genio, se sienten cansados, toman más alcohol de la cuentan, duermen siestas largas los fines de semana, salen a hacer deportes demasiadas horas, se ponen agresivos, algunos se quedan “pegados” en la televisión, no se conectan con los niños ni con su pareja, andan tristes, se alimentan mal, etc.

Si el cuidador principal o persona que más horas pasa al cuidado del hijo o hija, y debo decir, que en mi experiencia personal, quien más lo hace por lo general aún en nuestra sociedad es la mamá y/o una mujer como la nana, abuela, vecina, educadora de párvulos … está estresada, deprimida o pasando por las sensaciones que he descrito anteriormente, el niño o niña lo vive y aquí extraigo del libro “El Amor Maternal, Influencia del afecto en el desarrollo mental y emocional del bebé.” de Sue Gerhardt, investigadora del cerebro infantil además de psicoanalista y psicoterapeuta progenitores-bebé: “ Pero, al igual que ocurre cuando las nubes se mueven alrededor del sol, lo que nosotros podemos posiblemente conjeturar es que el bebé percibe este retraimiento de la madre de manera similar a cuando el sol desaparece detrás de las nubes” (Wellburn, 1980)

Se ha demostrado desde las neurociencias que una madre deprimida, irritable, afecta la manera que el bebé, al ser adolescente y luego adulto manejará su propio estrés. Y también se ha visto que por lo general, una madre irritable, mal genio, estresada, deprimida por lo general, es una mujer que está carente de red social, de apoyo de familia que la pueda sostener de manera eficaz y amorosa. Una mujer estresada no puede hacerse cargo de un mamífero humano recién nacido que llora, porque justamente requiere de alguien responsivo, atingente, sereno y en calma para poder leer las necesidades de sus hijos de cualquier edad, más si es de un recién nacido pero igual de importante como las necesidades un hijo adolescente. Pero si la madre se encuentra sola, sin apoyo, sobre todo de la familia de origen (madre, padre, hermanas y hermanos, es decir los tíos) es muy difícil que esa mujer, pueda sostener bien a sus hijos. Desde ahí que la crianza de nuestros hijos es una responsabilidad de todos y que el cuidado de la salud de madres debiera ser una prioridad nacional.

Si me estás leyendo y tienes a una mamá cerca de ti, pregúntale como está y si necesita algo, y en qué concretamente puedes ayudar. No juzgues, no interpretes, no opines sobre su estilo de crianza, es ella la madre de sus hijos, tu ahora estás, si lo deseas para sostener, para ser leal, para empatizar con la MADRE, tu hermana, tu hija, tu sobrina, tu nieta. Tu, estás para ponerte con la maternidad, con esa parte de la mujer que se supone se venera, festeja, celebra, como lo más importante de una mujer… ¿la estás cuidando?

Leslie Power

Psicóloga Clínica

(foto: Andrea Barceló)

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