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El otro día en la mañana vi escuché el video de José De La Serna “A mi Mujer Infiel”. Después mis hijas, hijos y yo, ya almorzamos. Esa mañana compré zapatillas nuevas para Julián, las que llevaba al colegio estaban realmente para que el “Coco” el perro cachorro de la Camila, las termine de desarmar. De regreso de la compra de las zapatilla, Julián anduvo en bici, la Pastora, nuestra perra vieja o vieja perra, nos acompañó, el frío era fuerte… pero las palabras de José, el poeta actor de la mañana, me han dado vueltas por la cabezalamacorazoncuerpo. José habla finalmente sobre la libertad de las personas, acá de las mujeres, de que nadie es posesión de nadie… pero las ideas me quedaron dando vueltas y son dos las principales sensaciones…

La primera, nunca he creído en la monogamia, yo he tenido muchas parejas, y durante 20 años sólo mantuve una. Aún así, siempre dije que no creía en la monogamia, creo en la naturaleza humana y creo en lo que veo a diario… infidelidades, que quizás se podrían llamar, relaciones humanas normales (lea a W. Reich, C. Rodrigañez, otros) siempre y cuando no nos hayan mentido tanto desde las instituciones religiosas, el estado, la economía, la educación, las creencias de la tía, abuela, mamá y papá. El hecho para mi, y ojo, por favor, esto es para mi, aunque sé que hay muchos que lo comparten a viva voz y otros que lo comparten a vivo silencio, es que los seres humanos por diversos motivos, desde la necesidad de ego hasta necesidades puramente biológicas y entre medio meta usted las que se le pase por la mente, no somos monogámicos. Ahora bien, se puede hacer un intento, desde la consciencia, de ponerse de acuerdo entre dos para cumplir un contrato. Se puede. También lo he visto.

Siempre toda mi vida he sido honesta, libro abierto, “boquita de castañuelas”… honesta … tanto, que digo lo que deseo, y quien le guste bien y a quien no le guste, puede irse o le pido que se aleje, pues no tengo nada que rogarle. Ya supe lo que es vivir en el desamor más primario y sufrir si no era aceptada, pero a estas alturas, o mejor decir, a estas bajezas vividas y experiencias reparadoras vivenciadas en el encuentro amoroso con otras personas … ya aprendí a amarme o casi aprendo, así que tiempo no tengo para disimular posturas que no sean las mías propias.

Lo que si no soporto, me revienta el hígado, me acelera el corazón de puro miedo, me retuerce el estómago, me inflama todo, es la mentira sostenida por años, el cinismo, el mirar a los ojos a alguien a quien le dices “te amo” mientras escondes mentiras. Me asquea cuando las personas no son libres, auténticas y a cambio de eso, elaboran un guión en sus mentes que actúan a diario como el mejor de los actores, sin nunca haber pasado por una hora de clases de teatro. Una o un sin vergüenza. Una o un estratega, Un zorro o una zorra. A esos y a esas cobardes, les dispararía con balas, directo al corazón. Pero como saben que soy media hippie, mis balas son de chocolate… no llegan, no tengo tanta fuerza. No uso pistolas. #NOALASARMAS #MAKELOVENOTWAR

paz

Pero bueno, eso no soporto, no soporto, el que trabaja suciamente, al que miente. No soporto al que dice amar mirando a los ojos cuando no está amando, al estafador. No soporto al trucho. No soporto al que roba. No tolero ni un día más al que habla más fuerte aprovechándose de la debilidad del otro u otra. No soporto al buen estratega, a ese que sabe donde tu corazón tiene el tremendo forado para darle justo ahí y doblegarte. No. A ese psicópata no lo soporto. #EstoyHarta Porque hay mujeres golpeadas, hombres golpeados, niñas y niños golpeados a diario, mujeres directamente muertas y otras que podemos morir lentamente, si no despertamos Bella Durmiente. Y si el psicópata no es reconocido abiertamente. ¿Tu eres la agresiva, la loca, la fuerte, él es el simpático, el del millón de amigos, al que le va bien, el de la buena compostura? Pero dentro de la casa no es así…. Despertemos Bella Durmiente.

La segunda idea que me ha quedado dando vueltas y que va ligadito a lo anterior es un mensaje para mi y para todas las menores que yo y para todxs las que son mayores que yo … sigamos nuestro cuerpo, nuestros deseos, nuestros propios mandatos… yo desde hace algunos años que recién me atrevo, es que en el colegio y en la casa me enseñaron a usar la razón, ser “razonable”, “socialmente correcta” y yo ¡queriendo ser yo! Me pasé años teniendo miedo a ser quien soy…y cuando lo era, venía la culpa, las “patadas por debajo de la mesa que significaban “¡modérate!”, “la loca”, “la bruja”, “la loquita que estudia psicología”, “la insolente”, “la cabra de mierda”, la “shhhhhhh cállate la boca” … todas esas frases que pensaron no dolían, pues bien ¡dolieron! y no sólo dolieron, me doblegaron e hicieron que otros hicieran lo mismo conmigo. Quizás por eso cada vez que fui a ver teatro en la parte donde hay que aplaudir a los actores, lloro, lloro, porque siento, ellos, pudieron ser. Por eso, y por mucho más en mi casa, yo y mis 2 hijas y mis 2 hijos, si bien, me equivoco un montón, hay una cosa que es clave: jamás hay golpes, jamás hay castigos y evitamos agredirnos, aunque las emociones agresivas si están permitidas, son parte de lo humano, pero en esta casa, nadie es tonto, ni loco. Nadie. Somos somos espontáneos y creativos. Y la otra clave es que en esta casa no se miente. Acá hablamos con la verdad. Nos guste o no. Y al que no le gusta, se va. De hecho, el otro día nos mandaron una tarea del colegio del kínder de mi hijo Julián, sobre las “reglas de nuestro hogar”, además de bañarnos a diario, es NO MENTIR.

Ayer, le leía a una paciente, el típico párrafo que leo en algunos Círculos de Mujeres del texto de Casilda Rodrigañez, uno de los tanto donde cita a J. Bachofen, una vez que se fue, continué leyendo para mi. Dice que en las sociedades matriarcales según Bachofen: “La amistad, por ejemplo, era un valor que dignificaba a las personas y que nadie osaba a profanar; traicionar la confianza que alguien había depositado en ti, una indignidad y una bajeza difícil de soportar; proferir una mentira la mayor vileza que se podía cometer. Se trataba de un método de sociabilización que desarrollaba las cualidades innatas de las criaturas y conservaba la inocencia y la confianza originales. (pg.42 del libro “La Sexualidad y el Funcionamiento de la Dominación”)

Es párrafo anterior, se refiere a la etapa matrística, antes del patriarcado, antes de la competencia, antes de la mala onda… en la etapa en que las mujeres y los hombres buscábamos el bienestar en el hecho de ver satisfechas a nuestros hijos e hijas y cuando ellos, los hijos e hijas, habiendo compartido nuestro amor a destajo, sabiendo que no nos manipulan, que son tiernos y que sólo buscan nuestro amor y consuelo y que habiéndolo recibido, tranquilos, ellos, una vez que nuestros hijos e hijas están tranquilitos, seguros y confiados no les queda otra que compartir con su hermanos y compañeros de colegio, de barrio, con quien será su o sus parejas. Respetará, no mentirá, será honesto, humano, sencillo, jamás cruel. Podrá empatizar. De la misma manera como se ha demostrado en tanta observación a menores de tres años, la tendencia natural del mamífero humano a colaborar con el otro que el el niño o niña, percibe, está en dificultad. Pero en los caminos de la vida de esta sociedad patriarcal, algo nos pasa, las palabras se nos trancan, la verdades espontáneas se nos vuelan, amarramos los mensajes de nuestros cuerpos y nos transformamos en falsos, dejamos de ser honestos, con el otro, pero principalmente con nosotros mismos, con nuestros propios deseos, con nuestra propia dignidad. Y algunos mienten, estafan, roban, golpean y ahí el alma se vende al diablo, junto al cuerpo.

Dime cómo te criaron y te diré quien eres. O dime cómo te criaron y te diré como te duele.

Yo no me rindo en buscar nuevas formas de relacionarnos y por eso escribo con tanta honestidad porque estoy segura que no bastan los libros llenos de datos duros y discursos científicos de neurocientistas que escriben de “lo humano”. Hablo, escribo, pienso, siento desde mi realidad, no podría hacerlo desde otra. Y claro, también desde 20 años de experiencia como psicoterapeuta, paciente y lectora (aprendiz)

Pero repito siempre con toda la honestidad que mi consciente me permite al pasar desde mi alma al teclado.

Leslie Power

Psicóloga Clínica.

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