apurada

Parecía Príncipe, pero era un abusador.
Como ya saben, trabajo hace 20 años como psicóloga y jamás pensé que iba a ser “especialista” es mujeres, pero la vida me ha ido llevando y yo también he ido dirigiendo el timón por las mareas que más me apasionan y el mundo de las mujeres es un espacio intenso, cíclico, con mucho qué decir, sin embargo, silenciado. Es que vivimos en una sociedad patriarcal, donde el abuso es pan de cada día. Créanlo por favor.
El título de este texto comprende tres simples ideas básicas:
1.- Machismo: abuso de poder de un “fuerte” sobre otro “débil”.
2.- Adultocentrismo: todo gira en torno a los adultos, los niños y las niñas esperan, son menos importantes, por tanto son ciudadanos de segunda categoría. En Chile, según cifras de la Unicef el 71% de los niños recibe algún tipo de maltrato. En el mundo, el 90% de la población considera que golpear es adecuado para educar. (Alice Miller)
3.- Crecer bajo los efectos de la publicidad, el engaño, la idea de que otro tiene el poder de completar.
Fascina la idea de que el otro tiene la solución para mi. Fascina, sencillamente, fascina; la pura idea de que alguien, allá afuera, me va a estirar la piel, me dirá cómo me va a ir el próximo año, me dirá que tengo razón, me venderá por 2 horas la ilusión bajo los efectos del alcohol, mezclado con música fuerte de la discotheque de moda, que soy la más linda de todas, la más especial.
Fascina más, si esa persona es rápida en descubrir cuáles son mis “fallas” o “grietas” y creemos, porque nos engatusa con que tiene la pócima para el fragüe de ellas.
Estimula muchísimo si sabe que somos una mujer que busca cariño porque de niña poco y nada tuvimos, que buscamos hombros grandes que nos protejan porque fuimos abusadas sostenidamente u ocasionalmente en los asados de fines de semanas cuando nuestros padres se emborrachaban y los niños se perdían de vista, por ese tío, y ahí el abusador, el Príncipe manipulador, goza, ha sacado un doctorado en reconocer a su víctima ya que es fácilmente engañable, como la Blanca Nieves. Esta vez, es un Príncipe con una manzana. El depredador, sabe que su víctima carece de desconfianza básica en el mundo, el mundo para ella es inseguro, por tanto, ofrece CONFIANZA jamás va a mostrar sus puntos débiles y si los muestra va a ser disfrazado de un Kurt Cubain, un artista glorioso con penas, un Gustavo Cerati, otro Divo, y ELLA confía, es buena, muerde la manzana y cae envenenada una y otra vez. Envenenada, es muy difícil un antídoto para liberarse del hechizo del manipulador. Quedamos algo así como atontadas para recibir cuanto cuento le invente el vendedor de ilusiones, sólo ilusiones.
Pero así es. Las mujeres que fueron niñas maltratadas, huérfanas, quedaron abiertamente hambrientas para que cualquiera con disfraz de Príncipe sirva para subirlas al caballo o al BMW. Suele pasar que cuando estamos en una buena psicoterapia, la terapeuta, suele preguntar ¿está segura, el caballo es de él? Pregunte ¿Está segura tiene licencia de conducir? Pregunte ¿Tiene claro que no tiene muchas infracciones de tránsito? Pregunte. Y ¿Por qué se separó de su ex mujer? Pregunte. ¿Está segura que gana lo que dice ganar y no tiene deudas? Pregunte ¿Está segura que su infancia fue de color de rosas como le cuenta? Pregunte.
Sin embargo, la víctima, la princesa rescatada del hambre, del maltrato de la madre o de la madrastra, de la orfandad, prefiere no averiguar, prefiere no preguntar, prefiere quedarse con los velos, casi siempre prefiere la duda. Saber la verdad, sería volver al hambre, al desierto.
Como dice Philippe Claudel: “Prefería la duda a la verdad, incluso la duda más pequeña y más frágil. Sí, la prefería, porque creo que la verdad hubiera podido matarme”
Es decir, la víctima siempre sabe algo de la verdad, pero prefiere seguir siendo engañada, maltrada, seguir con los velos puestos, algo así como seguir en el lugar donde creció, continuar con la historia vincular de malos tratos de su infancia. Y claro, quienes abandonaron, maltrataron no fueron cualquiera, fueron los más importante del mundo, mamá y papá o el abuelo, el tío, quién sabe… y ahora es mi amor, mi pareja, el Príncipe, quien me promete el oro … en pura fantasía, oro de mentira. Imitación barata.
El Príncipe es simpático, entrador, canchero… juega a ganador es también manipulador, abusador, mentiroso, eterno infiel, un estafador, suele tener deudas, pero las disimula bien, no siempre es guapo pero es encantador. Encanta, fascina, hechiza sobre todo como ya lo dije a la mujer/niña sola. A la que creció llenita de amor, no, a esa no las busca, no son de su gusto, además, esas mujeres no caen. En estos tipos de hombres machistas caemos las abusadas. Hasta que crecemos y descubrimos que son tan heridos o más que nosotras, son narcisos y perversos, buscan abusar y crecer gracias a la mujer que tienen a su lado, por lo general, mujeres honestas, sin ningún tipo de problemas judiciales, que declaran sus impuestos, madres suficientemente buenas, jamás infieles, mujeres con personalidades, por lo general, no siempre, extrovertidas y que en muchas áreas son fuertes y exitosas, pero siempre con historias de malos tratos en su niñez que las hacen pisar el palito fácil. El palito.
Desde psicoanálisis francés (Lacán) se plantea que quizás ellas no querrían cura, siempre estarán atadas a este FALO que las completarían, hablan de masoquismo. Desde mi experiencia, no hay nada más sanador que mirar la verdad y descubrir las heridas narcisísticas del hombre manipulador que tuvo que recibir en su primera infancia, heridas terribles, abusos horribles y luego mirar la grandeza de la mujer/niña herida que tiene todo, porque definitivamente en ella está el todo, y en él la nada, son ellos los estafadores, manipuladores, abusadores, mentirosos que mientras estuvieron en la relación con la mujeres niñas heridas, les hizo creer que siempre ellas eran las falladas, amargadas, locas desquiciadas, histéricas, sin nadie y que dependían de él, llegando a aislarlas de la familia, no necesariamente de manera física, pero la mujer jamás contó nada a sus familiares de lo que ocurría en la relación, ya que el perverso, se alió a ella, “si tu madre es mala, te golpeaba” le decía uno a una de mis pacientes, aislándola. La verdad, ellas fueron heridas, pero en el aquí y ahora, son personas dignas, no estafan a nadie, honestas, directas, que lloran sus heridas e intentan salir adelante con terapia. Ellos, heridos también y quizás, peor en su niñez, siguen hiriendo, mintiendo estafando, matando, aniquilando, robando, con negocios truchos, pero con disfraz de Príncipe y en especial a mujeres.
¡Cuidado! No vayas a caer ante el hechizo.
Leslie Power
Psicóloga Clínica
Texto basado en el libro El Abuso de debilidad y otras manipulaciones. Marie France Hirigoyen.

 

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